EMEEQUIS: DAVID LACHAPELLE
David LaChapelle
26 de Enero 2009
Texto por Diego Mendiburu
Uno de los fotógrafos màs famosos del mundo, David LaChapelle, esterà de visita en México. El discipulo del rey del arte pop, Andy Warhol, inaugurarà la exposición Delirios de Razón en el ANtiguo Colgio de San Ildefonso a fines de este mes. Ahí se podrà admirar una selección del también videoasta, conocido especialmente por sus icónicos retratos de celebridades estadunidenses. Son Artistas y prostitutas, tal y como decidió titular uno de sus libros.
Fierfield, en e estado de Connecticut, Estados Unidos, està lejos de ser la capital mundial del glamour. Es un peublito lleno de gente conseravdoras, un oasis para descansar del ajetreo y gentío que desborda Nueva York, ubicado a sólo 90 Kilómetros. Así que resulta al menos irónico que haya nacido ahí, el 11 de marzo de 1969, david LaChapelle, el màs solicitado fotógrafo de celebridades, un adicto confeso a los excesos de la faràndula.
Su infancia no fue un trago fàcil de pasar. Era el chico raro de la escuela. Sensible, amanerado, « Me llemaban marica y me aventaban la comida en la cafetería », recuerda LaChapelle en una entrevista con la revista The Advocate. « Había momentos en los que ya no podía soportarlo y pensaba suicidarme ». Pero vivir e una comunidad de apenas 60mil personas no era impedimento para que David se soñara e contacto con las màs grandes personalidades del cine, la television y el arte. Una revista fue su vínculo con esa estratósfera : Interview, fundada por el mismo exponente del arte pop, Andy Warhol. LaChapelle se obsesionó con los atractivos personajes que aparecían en aquellas pàginas, caracterizadas por mostrar a las grandes promesas del mundo del espectàculo como antesala al estrellato. Y , desde luego, se obsesionó con el trabajo del siempre controvertido Warhol.
David sabía que encerrado en su pueblito nunca tendría acceso a ese ambiente. De modo que siguió sus instintos : a los 15 años , a espaldas de su familia se escapó a Nueva York. « Era eso o la muerte – explica- , En Nuova York, la diferencia no se usa en tu contra, sino que se celebra ».
Mintiendo sobre su edad, entró a trabajar en el epicentro de la lujuria, la adicciones y el glamour, el lugar ideal para tener, frente a frente, a sus admirados demonios : la famosa discoteca Studio 54. Y como lo esperaba, en ese sitio se encontró por prímera vez a Warhol. Pero su adventura duró poco. Su padre fue a buscarlo y lo regresó a Fierfield. Para entonces David ya tenía bien en claro en quién queria convertirse. Entró a estudiar a la Escuela de Artes de Carolina del Norte donde recibió una educación excepcional. Al terminar sus estudios hizo maletas y se mudó, definitivamente, a la ciudad que nunca duerme. Era el descenso definitivo a los infernos.
David vivía e un austero departamento con su entonces novio, e bailarín Luis Albert. LaChapelle consiguió ser admitido en la Escuela des Artes Visuales de Nueva York. Comenzó a exponer algunas piezas de su trabajo en galerias, pero no alcanzó a vender ni una sola.
En un concierto de rock volvió a encontrarse co Andy Warhol, y est avez no desperdició la oportunidad : le pidió une entrevista para mostrarle su trabajo. Warhol, conocido por apoyar a jóvenes artistes, aceptó. LaChapelle acudió a la cita con el màximo exponente del arte pop en las oficinas de la revista Interview. Le mostró su carpeta fotigràfica con imàgenes de sus compañeros de escuela, desnudos. Warhol sólo tenía una palabra : « Great !» ; La repetía una y otra vez, « ¡Grandioso ! ». LaChapelle se sentía el tipo màs afortunado del mundo. Warhol lo contrató y ràpidamente comenzó a tomar fotografías para esa publicación que durante tantos años lo bombardeó con la belleza y seducción de las màs grandes celebridades de la cultura popular norteamericana.
Años después, LaChapelle confiesa : « En realidad, Warhol decia 'great' para todo. ¡ Estas galetas so grandiosas !, decía. El pensaba que todo era grandioso ». Al principio LaChapelle fotografiaba en blanco y negro, como dictaba la tendencia en aquellos días. Todos hacian lo mismo. Pronto su vida y su arte darían un brusco giro. Eran os ochenta, década del capitalismo salvaje y del crudo inicio de la epidemia del VIH/Sida. Y a LaChapelle le tocó muy de cerca la tragedia. Al igual que muchos de sus amigos, Luis Albert, con quien llevaba una relación de tres años, murió a causa del virus, en 1984. Aunada a su commoción vendria la angustia. ¿Estaba él infectado ?
« Durante muchos años pensé que moriría, como él – confesó en una entrevista con el editor Gianni Mercurio - . Todo en mi vida, incluidas mis fotos, era en blanco y negro, porque para mí no había forma de acceder al color. Todo me lo tomaba muy en serio. Mis imàgenes de entonces so escuras y lùgubres, y así lo fueron durante seis años. Cada vez que me confemaba, estornudaba o me heria, pensaba : hasta aquí llegué, tengo VIH ». Las pruebas salieron negativas. Viviria sin la sombra de la muerte pisàndole los talones. Tendría algo màs de tiempo para dar rienda suelta a su impulso creativo. Y lo desbordó. « Después de los resultados quería volver a reír tomar u tipo distinto de fotyo ». Debia dejar de trabajar a petición de otros y empezar a hacer sus propias creaciones. Comenzó a fotografiar a color, utlizando tonalidades pastel realzados al màximo. "Las cosas cambiaron radicalmente. Todo mundo se fijó en mi », cuenta.
Le queda, de sus inicios, tatuado en los dedos de su mano derecha el nombre de su amante muerto ; Luis, una letra en cada phalange. Había sido su primer novio formal.
Los mundos ficticios y surrealistas que muestran las fotografias de LaChapelle surgieron como escape a la triste experiencia por la que pasó y a las tragedias del mundo en general. « Quería hacer imàgenes que fueran fantasticas, que te llevaran a otro mundo, uno que fuera màs brillante, hermoso y chistos ». Las revistas fueron el medio de transporte a esas realidades oníricas. « Se metió en mi cabeza la idea de que las revistas eran como una galería, porque puedes arrancar una pàgina de una publicación y pegarla en tu refrigerador y ahí està tu museo, tu museo privado. Empecé a trabajar no con un estilo en mente, sino simplemente haciendo lo que me interesaba, lo que me atraía lo que me seducía. Me seduce el color, el humor, la sexualidad, la espontaneidad. Fue muy intuitivo ».
LaChapelle ha fotografiado desde entonces a personajes como Tupac Shakur, Madonna, Eminem, Lance Armstrong, Lil'Kim, Uma Thurman, Elizabeth Taylor, david Beckham, Paris Hilton, Jeff Koons, Leonardo DiCaprio, Elton John, Muhammad Ali, Britney Spears y un extenso etcétera, que incluve a toda la fauna de Hollywood y hasta a políticos como Hillary Clinton. Su trabajo ha ilustrado las paginas de Vogue Italia, Vogue Francia, Vanity Fair, GQ y Rolling Stone.
Las grandes musas de LaChapelle han sido una mujer transexual, Amanda Lepore, y voluptuosa guardiana de la bahía Pamela Anderson. Sin embargo, LaChapelle ha vuelto a abrazar el cambio. « Sabia que sería artista desde temprana edad. Siempre amé el arte y estudié todo lo que pude. Amo el trabajo de Miguel Angel y siempre me remito a él. Sé que suena extraño porque he fotografiado a gente como Pamela Anderson y Paris Hilton, pero sólo estaba registrando el mundo en que vivía y esos trabajos eran sólo eso : trabajos. « Dije todo lo que tenía que decir sobre la cultura popular en la revistas, y ahora sólo quiero hacer trabajo para galerías, como en mis inicios. Desde 1995 hasta 2005 mi objetivo era retratar a cuanta persona pudiera . Quería registrarlo todo y tomar la Fotogràfia, aquella imagen que definiera quién era esa persona en la vida, una imagen que se muestre dentro de 20 años e ilustre, narre y describa a esa persona. Luego, en el cambio de siglo, traté de fotografiar la década que moría y las obsesiones de esa cultura y de nuestro tiempo. Aunque exageradas, esas eran las fantasías en el mundo », le comentó LaChapelle a Mercurio. Sus fotografías se han vuelto verdaderas producciones cinematogràficas. Trabaja con un amplio equipo, entre utileros, iluminadores, maquillistas, peinadoras, gerentes de producción, pintoers y modelos, quienes en conjunto crean escenas a la medida de la imaginacón de LaChapelle. Muchas veces recurre a efecto como fuego, humo y agua, y posteriormente se complementa la toma con intricados retoques digitales en la computadora. « Cambio hasta las caras con Photoshop. No hay limite. No hay razón para ello. Nada es, en realidad, puro. Todo lo que haces en fotografía es artificio", justifica. Ejemplo de la espectacularidad de sus colosales producciones es su fotografía The Deluge, un homenaje a Miguel Angel y su fresco El diluvio de la Capilla Sixtina, situado ya no en un paraje biblico sino en la capital del pecado : Las Vegas. Una monumental fotografía que abarca todo un muro, donde aperecen màs de 30 modelos entre hombres, mujeres y niños, y que sólo se puede entender como el trabajo de un amplio grupo de gente coordinada con la precisíon de una orquestra. « Mis fotogràfias se han convertido en un trabajo de equipo. En realidad, sólo soy un aprieta botones », bromea LaChapelle. Su incontentable imaginación lo ha llevado a incursionar en el cine y la televisión, para la que ha dirigido videoclips de artistas como Christina Aguilera, Moby, Jennifer Lopez, Britney Spears, The Vines y No Doubt. Debutó en la pantalla grande con Rize, un documental que muestra la vida de un grupo de bailarines en uno de los barrios màs pobres de Los Angeles, California.
Ha publicado media docena de recopilaciones de su obra, pero sin duda el màs representativo-porque en sí misma es una publicación extravagante- es su libro Artists & Prostitutes 1985-2005 (Artistas y protitutas) de 688 pàginas y un exorbitante 2 mil 500 ejemplares, y todos fueron firmados por el artista. «
« Llamé así al libro porque todos tenemos un poco de artistas y un poco de prostitutas. Por lo menos yo sí, puesto que trabajé para otra gente tratando de manifestar mis ideas. Cada situación es distinta, fotografío a cada persona de una manera diferente. Te asignan trabajos y luego tù te asignas una meta propia, pero son compromisos monetarios de cualquier forma. Es mucho màs difícil trabajar para ti mismo, porque no hay limites y puedes hacer lo que quieras. Es un reto major. » Un desafío atraviesa toda la obra de LaChapelle : « Me gusta tomar cosas cosideradas banales, o de mal gusto, y reinventarlas, haciéndolas de bueno gusto ». Parece que lo ha conseguido.